Capitulo 12:
La tierra guaraní es roja sangre

Con Mitre las leyes se inspiraron en los principios liberales que imperaban en los estados de Europa aunque otorgaban cierta preponderancia a la ciudad de Buenos Aires en desmedro de las ciudades del interior. La libertad de comercio abarrotó de productos extranjeros el país, que trató de equilibrar la balanza de pagos con sus productos agropecuarios. Las vías férreas comenzaron a cruzar los campos, abiertos por el gobierno a una numerosa inmigración pero buena parte de ésta se afincó en la naciente gran urbe porteña despreciando el vasto espacio que ofrecía el resto del país.

El artículo 35 de la Constitución de 1853 establecía que el nombre del país podría ser indistintamente "Provincias Unidas del Río de la Plata", "República Argentina" o "Confederación Argentina" pero para la formación y sanción de las leyes se emplearía el de "Nación Argentina", denominación que se hizo común a partir de 1862. En realidad era acertado hablar de Nación Argentina porque Mitre no presidía un conjunto de provincias y estaba ante un proyecto de nación cuyos elementos fundamentales se creaban o afirmaban: el Estado general, el Poder Judicial, las leyes básicas, la fuerza armada, las finanzas, etc.

Pese a las obras que realizó Mitre en su presidencia, su periodo es mejor recordado por la Guerra de la Triple Alianza también llamada Guerra del Paraguay aunque Mitre también era recordado por reprimir asonadas en el interior de parte de caudillos de extracción provinciana y federal que se resistían a aceptar que todo el control nacional pase por las manos de una sola provincia. En eso, Mitre fue alentado por Sarmiento quien le sugirió que "no ahorre sangre de gauchos" para ponerlos en vereda.

Francisco Solano López

El Paraguay en ese entonces estaba gobernado por el general Francisco Solano López quien observaba celosamente el delicado equilibrio político del Plata. Juzgaba que los brasileños tenían mucho peso en la política uruguaya y como que los argentinos parecían no decidirse a equilibrar la balanza ahí, pensó que el Paraguay mismo podría ofrecerse como contrapeso en dicha balanza. Consideró él mismo que su país poseía un ejército poderoso lo cual no andaba errado en el caso de enfrentarse contra uno de los potenciales enemigos regionales y hasta empezó a confiarse aún más en el sentido de subvalorar las fuerzas armadas brasileñas y argentinas.

El error principal de Francisco Solano López fue que no captó los cambios que se habían producido en la región desde los tiempos del dictador paraguayo el doctor Francia, contemporáneo de Rosas. Bajo el mandato de su padre don Carlos López, las prolongadas, sangrientas y confusas señas de nacimiento y crecimiento de los estados rioplatenses, las políticas belicosas del Brasil y las políticas neutrales del doctor Francia funcionaron preservando la independencia paraguaya. Pero el caso se afeó cuando la Argentina y el Brasil afirmaron finalmente sus identidades y se mostraron más unidos en su interior. Por ejemplo, Argentina empezó a tratar sus asuntos exteriores como una nación y no como parte de la región como esperaban los paraguayos. El esfuerzo de López de equiparar al Paraguay como un poder regional a la par de la Argentina y del Brasil solo acarrearía funestas consecuencias siempre y cuando se le ocurra lanzarse a aventuras sin demasiadas meditaciones, lo cual sucedió al final.
 

El estallido de la Matanza de América

Don Pedro II, culto Emperador del Brasil

López interpretó la intervención brasileña en Uruguay en septiembre de 1864 como un desaire a los países menos fuertes de la región. Estuvo correcto el presidente paraguayo en la idea de que ni Brasil tampoco Argentina prestaron alguna atención a los intereses de Paraguay cuando formularon sus políticas. Pero concluyó incorrectamente que el poder conservar la independencia uruguaya era crucial para el futuro de Paraguay como nación. Siguiendo con sus planes para crear al Paraguay como una "tercera fuerza" entre Argentina y Brasil, López comprometió a su nación en la ayuda al Uruguay.

Como Argentina no reaccionó a la invasión del Brasil al Uruguay, López capturó un buque de guerra brasileño en noviembre de 1864. Luego prosiguió con una invasión al Matto Grosso, Brasil, en marzo de 1865, una acción que demostró ser uno de los pocos éxitos paraguayos durante la guerra para dirimir de paso un viejo litigio territorial entre Paraguay y Brasil. López decidió golpear a la fuerza principal de su enemigo en la propia tierra uruguaya. Pero no se percató de que la Argentina de Mitre había aprobado tibiamente a la política de Brasil sobre el Uruguay y no apoyaría al Paraguay contra el Brasil. Cuando el mariscal López pidió permiso para cruzar territorio argentino para su ejército para poder atacar la provincia brasileña del Río Grande do Sul, Argentina se negó no muy claramente a ese pedido argumentando razones de neutralidad.

Ese episodio merece ser detallado para demostrar lo turbio que fue el camino hacia la guerra que tomó la Argentina a través de Mitre. Urquiza, quien simpatizaba con los paraguayos, solicitó a Mitre por carta del 29 de diciembre de 1864 la autorización para que el ejército paraguayo pudiese cruzar por el territorio de Misiones (en litigio aún con el Paraguay) para dirigirse a Uruguay, según había convenido con Solano López. Mitre le respondió el 9 de enero de 1865 denegando dicho permiso. López decidió entonces solicitar oficialmente el tránsito al gobierno de Mitre por nota del 14 de enero de 1865. José María Rosa sugiere que hubo interferencia inglesa en el arribo de la solicitud paraguaya a manos de Mitre, pues Luis Caminos, el encargado de llevarla, debió embarcarse en el vapor inglés Ranger, pero por razones poco claras su capitán se negó a transportarlo. Ese enviado paraguayo quedó demorado en Asunción debido a la imposibilidad de utilizar un buque paraguayo por la iniciada invasión de las fuerzas de López al Mato Grosso brasileño. El emisario paraguayo no llegó a Buenos Aires hasta el 5 de febrero, cuando el ejército brasileño se acercaba a Montevideo, el presidente uruguayo Aguirre había renunciado y el nuevo gobierno oriental negociaba la rendición de la capital. La respuesta del canciller Rufino de Elizalde al gobierno paraguayo se concretó el 9 de febrero de 1865. Negaba el permiso al cruce de las fuerzas de López por territorio argentino "fiel a sus intereses de neutral", argumentando que "no es absolutamente necesario, no hay motivo imperioso que lo haga forzoso e indispensable", debido a que entre Paraguay y Brasil existía una amplia zona fronteriza donde cruzar las fuerzas sin necesidad de atravesar territorio argentino. En cambio, no se hacía objeción al tránsito fluvial: "Puede acordarse por agua a los beligerantes, sean o no ribereños, de los ríos que van a pasar y aun no mediando tratados que lo concedan, sin que por eso tenga que dar forzosamente el tránsito terrestre".

López convocó al Congreso Nacional paraguayo a partir del 15 de febrero. Este cuerpo aprobó las medidas de López adoptadas contra Brasil, otorgó al presidente el grado de Mariscal. En su análisis de la actitud del gobierno de Mitre respecto del gobierno paraguayo, la comisión parlamentaria hizo una interesante diferenciación entre el mitrismo y el resto de las provincias argentinas, la cual quedó explicitada en el correspondiente informe al Congreso. Afirmaba éste que la guerra era el resultado de "las maquinaciones de los porteños (...) porque lejos está la mente de esta comisión al confundir al pueblo argentino con esa fracción demagógica de Buenos Aires".

El 18 de marzo el Congreso aprobó el informe y autorizó por ley al presidente López a declarar la guerra "al actual gobierno de la República Argentina". López promulgó la declaración y ésta fue publicada en El Semanario el 23 de marzo. Finalmente, los motivos alegados por el presidente López en su nota del 29 de marzo para declarar la guerra contra el gobierno de Mitre fueron los siguientes:
La negativa del gobierno de Buenos Aires a conceder el tránsito inocente por su territorio de las tropas paraguayas que llevaban la guerra al Brasil.
La protección prestada por el mismo gobierno á la revolución del general Flores en el Estado Oriental, para derrocar a su gobierno legítimo.
Connivencia del gobierno argentino con el Imperio del Brasil para que éste se apoderara del Estado Oriental, hecho que perturbaba el equilibrio político del Río de la Plata.
Tolerancia del presidente Mitre para la formación de una legión paraguaya en Buenos Aires (eran todos opositores exiliados al régimen de López), destinada a unirse al ejército brasileño.
"Empero el gobierno de V.E. (de Mitre) no juzgó todavía suficiente este proceder hostil e ilegal para realizar los fines de su política con el Paraguay: la calumnia y los insultos a la nación y gobierno paraguayo no le detuvieron, y los órganos oficiales de la prensa porteña abundan en producciones tan soeces e insultantes que en ningún tiempo la más desenfrenada licencia y abuso en ningún país supo producir".
El pedido de explicaciones hecho al gobierno de la Asunción acerca de la reunión de fuerzas nacionales en la orilla izquierda del Paraná.
Los insultos y las calumnias de la prensa oficial porteña al Paraguay y su gobierno.

Producida la declaración de guerra por parte del gobierno de López y consciente del sentimiento pro paraguayo que animaba a más de un caudillo provincial, la diplomacia mitrista procuró ocultar la mencionada declaración. Luego, una vez que la misma tomase estado público, se la presentaría como una "lucha de la libertad contra la tiranía que ambicionaba conquistar a la Argentina y había ofendido en plena paz su pabellón". Por cierto, la demora en dar la noticia buscaba tener algo más de tiempo para generar un clima de opinión pública favorable al mitrismo y serviría, en caso de producirse un ataque, para presentarlo como fuera de las reglas del derecho internacional. No obstante, y a pesar de los esfuerzos de Mitre y su gabinete, la declaración de guerra fue rápidamente conocida.

La estrategia fue aplicada por Mitre de inmediato, al denunciar la captura de dos buques correntinos, el Gualeguay y el 25 de Mayo, por parte de cinco navíos de guerra paraguayos, acción que tuvo lugar el 13 de abril. Curiosamente el episodio no había generado resistencias en la ciudad de Corrientes, la cual fue ocupada con toda tranquilidad por las fuerzas de López. En realidad los correntinos no consideraban a los paraguayos como invasores. Es más, con el consentimiento tanto del consejo municipal correntino como del jefe de las fuerzas invasoras, el general paraguayo Wenceslao Robles, tres vecinos de Corrientes tuvieron a su cargo la administración de la zona ocupada.

No obstante la aceptación correntina de la presencia paraguaya en dicha provincia del Litoral, el presidente argentino decidió explotar políticamente estos hechos para aunar la opinión de mitristas y antimitristas en Buenos Aires, presentando los mismos como "un agravio al pabellón nacional". Además, en otra curiosa demostración de alianza con el orden mitrista, Urquiza -a contrapelo de los jefes militares y caudillos de su provincia- se ofreció a Mitre escribiéndole que "ha llegado el momento en que las palabras deben hacer lugar a los hechos. Nos toca combatir de nuevo bajo la bandera que reunió en Caseros a todos los argentinos".

Lo curioso de la ocupación paraguaya de Corrientes del 13 de abril es que no era percibida como una agresión por las supuestas víctimas -es decir, por los correntinos- y sí lo era por los porteños. Era la excusa ideal que Mitre buscaba para poder justificar la guerra contra López ante el antimitrismo dentro y fuera de Buenos Aires y constituía en sí mismo el elemento aglutinador que Mitre tanto necesitaba para evitar una mayor escisión del liberalismo porteño.

La invasión paraguaya de Corrientes decidió a Argentina, al Brasil y al Uruguay (ahora reducido como estado títere) para firmar el Tratado de la Triple Alianza en el mayor de los secretos en mayo de 1865 apoyados por Inglaterra que estaba interesada en venderles material bélico buscando simplemente ganancias comerciales.

Bajo el tratado estas naciones se juramentaron destruir al gobierno de Francisco Solano López y repartir su país entre las mayores potencias.

La Guerra de la Triple Alianza

Paraguay no estaba para nada preparado para una guerra de escala mayor, pero el mariscal igual decidió hacerla. En términos de cantidad, el ejército paraguayo con 30.000 hombres era el más poderoso en América Latina. Pero la fuerza del ejército era una mera ilusión ya que le faltaba una dirección especializada, una provisión fiable de armas y material y reservas adecuadas. Desde los días del Supremo paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, los cuerpos de oficiales habían sido abandonados por razones políticas. El ejército padeció una escasez crítica de personal capacitado y de rango y muchas de sus unidades combatientes estaban mal entrenadas. Al Paraguay le faltó la base industrial para reemplazar las armas perdidas en batalla y la alianza argentino-brasileña bloqueó la recepción paraguaya de armamento enviado desde el extranjero. La población de Paraguay sólo llegaba a aproximadamente 450.000 en 1865, un número más bajo que la cantidad de efectivos de la Guardia Nacional brasileña, y era equivalente a la vigésima parte de la población aliada combinada que sumaba once millones de almas. Solano López llegó a reclutar hasta niños de diez años y forzar a las mujeres a realizar tareas no militares pero aún así, jamás pudo desplegar en el campo de batalla un ejército más grande que el de sus rivales.

La Argentina también tenía miserias en materiales aunque eso no se evidenció en el vestuario de los oficiales. Los soldados dependiendo de la provincia de origen, eran más o menos equipados. Los porteños venían obviamente mejor uniformados aunque luego el abrasador calor subtropical les debió reducir la ropa y los correntinos eran los menos cubiertos utilizando la madre naturaleza para confeccionar sus calzados (de ahí vino el mote "kurepí" hasta hoy día endilgado por los paraguayos a cualquier argentino. Significa en guaraní piel –pí- de chancho –kuré- debido al material utilizado para hacer los calzados).

Aparte de algunas victorias paraguayas en el frente norteño contra Brasil, la guerra fue un desastre para el mariscal López. El grueso del ejército paraguayo entró en Corrientes en abril de 1865. Para julio del mismo año más de la mitad de la fuerza de 30.000 hombres fue exterminado o capturado junto con las mejores armas y artillería. La guerra tórnose en un desesperado forcejeo para la supervivencia del Paraguay. Era salir a matar o morir. En mayo de 1866, los paraguayos libraron la batalla de Tuyutí, que fue una espantosa derrota.

Es interesante señalar que a poco de comenzada la guerra, Urquiza intentó llegar a un acuerdo con el jefe de las fuerzas paraguayas, Wenceslao Robles, para derrocar al "tirano López" y evitar a la sociedad paraguaya la guerra pronunciándose con un ejército de 22.000 hombres. Robles no aceptó. No queda claro si fue por cuestión de principios, de temor a que los suyos no siguieran sus pasos o porque López llegó a enterarse de la maniobra de Urquiza. La cuestión fue que Robles fue fusilado por un paranoico López, y Urquiza mantuvo su alianza con Mitre, acentuando su ya pésima imagen ante los caudillos federales.

Entrevista entre Mitre y López.
Lo que tenían en sus manos eran fustas que luego fueron intercambiadas entre ellos a modo de regalo.

Los periodistas ingleses publicaron el tratado secreto de la Triple Alianza. Eso provocó innumerables reacciones a favor del Paraguay. El jurista tucumano Juan Bautista Alberdi desde Europa se convirtió en el campeón de la causa paraguaya y los países americanos con costa en el Pacífico clamaron por un cese inmediato de hostilidades y protestaron agriamente por los términos del tratado. El presidente de Bolivia, el pintoresco y flamboyante general Melgarejo, hasta ofreció un ejército de 12.000 hombres a favor del mariscal López. Desde el momento en que el territorio argentino quedó libre de invasores, la opinión de las provincias argentinas e importantes hombres públicos porteños juzgaron que no había más razón de guerra, pidieron un cese de fuego inmediato y abogaron por el Paraguay. Esa misma gente impidió que Argentina hiciera efectiva su parte del tratado secreto (que era repartir el Paraguay con el Brasil) después de la guerra aunque aceptó la anexión de ciertos territorios paraguayos a la República Argentina.

Batalla de Curupaytí. Los valerosos argentinos caían fácilmente ultimados desde la cumbre bien defendida por los paraguayos.

Ante el curso desfavorable de la guerra, López, decidido a capitular, convocó a Mitre a una entrevista en Yataytí Corá, el 12 de septiembre de 1866. El encuentro duró varias horas pero no se llegó a ningún acuerdo. López se negó a aceptar las cláusulas del tratado de la Triple Alianza exigidas por Mitre. La situación sería decidida por las armas. Mitre resolvió entonces el asalto a la fortaleza de Curupaytí, que se llevó a cabo el 22 de septiembre de 1866 en manos del coronel guaraní José Eduvigis Díaz y sus pocos hombres en la cumbre del cerro del mismo nombre. Luego de que la escuadra brasileña bombardeara durante varias horas la plaza, la infantería fue lanzada al ataque, pero debido a que las defensas paraguayas estaban intactas los atacantes fueron diezmados. En el campo quedaron más de diez mil soldados aliados (casi todos argentinos), mientras los guaraníes solo perdieron menos de cien. Ahí encontró la muerte el hijo adoptivo de Sarmiento; fue un hecho que le caló en el alma y llegó a tener bronca hacia los paraguayos pronunciando fuertes discursos sugiriendo hasta un genocidio de la "maldita raza guaraní". Hasta los grandes hombres con cierta patina de bronce caen en bajezas recordándonos que son sencillamente seres humanos.

Fue algo muy chocante sobre todo para la moral argentina, que hasta consideró retirar su ejército de la Alianza. Y que en la provincia de Salta festejaron ruidosamente la victoria paraguaya.

Los soldados paraguayos desplegaron una inusitada valentía suicida, sobre todo considerando que Solano López mandó a fusilar o torturar a varios de ellos hasta por nimias ofensas. Las unidades de la caballería operaron de a pie por falta de caballos. Batallones de infantería navales armados sólo con machetes atacaron acorazados brasileños. Los ataques suicidas produjeron verdaderos campos de cadáveres. Pero el cólera también se cobró su cuota. A través de 1867 Paraguay había perdido 60.000 hombres por acciones bélicas, enfermedades varias o capturas y otros 60.000 soldados fueron llamados bajo bandera. Solano López inclusive alistó esclavos y las unidades de infantería reclutaron hasta a niños. Se obligaron a las mujeres a que realizaran trabajo de apoyo detrás de la línea de fuego. La escasez de material era tan severa que las tropas paraguayas entraron semidesnudos al combate e incluso hasta coroneles fueron descalzos al campo de acción. El carácter defensivo de la guerra, combinado con la tenacidad paraguaya y la ingenuidad y la dificultad que ocasionó la mutua cooperación que tenían los brasileños y argentinos, dio al conflicto un carácter de guerra friccionada. Al Paraguay le faltaron los recursos para poder continuar la guerra contra los gigantes de Sudamérica.

Soldados argentinos

Por su parte, Mitre dejó Paraguay a principio de febrero de 1867 debido a las montoneras de los caudillos provinciales federales, la muerte de su vicepresidente y al propio consejo de las fuerzas imperiales que no le tenían demasiada simpatía. Caxias asumió el comando en jefe en su reemplazo.

La rendición tras largo sitio del fuerte de Humaitá considerado inexpugnable ante fuerzas argentinas el 24 de julio de 1868 fue decisivo para el curso de la guerra porque ese fuerte era la llave de entrada al Paraguay. Tan heroica fue la resistencia paraguaya que cuando salieron los hombres semidesnutridos y casi desnudos, sin municiones, fueron acogidos con altos honores de parte del enemigo en reconocimiento a su valor en combate. En Ytororó y Abay, el general paraguayo Bernardino Caballero ofreció gallarda resistencia hasta el último hombre contra los avances brasileños para que el mariscal pudiera organizar una batalla decisiva en las Lomas Valentinas donde en 17 de diciembre de 1868 fue atacado igualmente por fuerzas enemigas muy grandes. López pudo salir en retirada después de siete días de combates.

Las tropas aliadas entraron en Asunción en enero de 1869, pero Solano López tuvo suerte porque el marqués brasileño Caxias consideró que ocupando la capital en vez de prenderlo daba por terminada la guerra. López logró rejuntar un ejército de 12 .000 almas que en realidad eran viejos, niños y mujeres entre Azcurra y Caacupé. Al Brasil le irritó esa cuasi milagrosa supervivencia del tirano paraguayo y decidió continuar la guerra ya sin cuartel. Los argentinos y uruguayos consideraron que ocupando Asunción la guerra se acabó para ellos, dejaron unos regimientos en el lugar y se marcharon de regreso a sus pagos.

La Paraguaya, conmovedora pintura de Juan Manuel Blanes que sintetiza la pérdida casi total de la población masculina en el país hermano.

Los brasileños hicieron salvajadas que inclusive se ganaron amargos reproches de sus aliados rioplatenses. El 12 de agosto de 1869 ganaron la dramática batalla de Piribebuy y no conformes con eso, incendiaron el hospital repleto de heridos y degollaron al desarmado comandante paraguayo del lugar. El 16 de agosto de 1869, López dispuso un ejército integrado enteramente por niños disfrazados para aparentar mayores para enfrentar a las hordas brasileñas en el fatídico combate de Acosta Ñú (Campo Acosta)… ninguno de los infantes sobrevivió.

López debió de huir aún más dentro de su diezmado país hasta que encontró la muerte lanceado por un soldado brasileño a orillas del arroyo Aquidabán en Cerro Corá en el límite con Brasil. Fue el día 1° de marzo de 1870. Con su muerte se acabó la guerra más sangrienta que jamás ha visto en toda la América.

Los vencedores estaban en desacuerdo acerca de los límites; las gestiones realizadas impidieron en último término que Argentina y Brasil se desangrasen en una nueva guerra sudamericana. Finalmente no se cumplió el objetivo principal del tratado secreto que consistía en dividirse el Paraguay entre los dos, se lo resguardó como un estado tapón, adjudicándose la Argentina muchos territorios: la confirmación de las Misiones como territorio suyo más la incorporación de lo que hoy es la provincia de Formosa entonces territorio de indios indómitos anteriormente bajo soberanía nominal paraguaya.

En el plano interno, el presidente Mitre tuvo la oposición de caudillos del interior como Ángel Vicente "el Chacho" Peñalosa (a quien se lo capturó durmiendo y lo mataron exhibiendo luego su cabeza en una pica) y Felipe Varela, que resistieron a las intervenciones del gobierno federal en las provincias. Si bien Mitre no pudo solucionar el problema de la residencia de las autoridades federales, firmó la ley de Compromiso (1862), por la cual se estableció provisionalmente en la ciudad de Buenos Aires la sede del gobierno nacional.