Capitulo 14:
Zorro también en la política
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En esa época brillaba culturalmente la Generación del 80. A causa de la extranjerización de la ciudad de Buenos Aires y el desafecto de la juventud del interior para hacia su patria durante la pasada guerra del Paraguay amen de una todavía vigente sensación de país confederado, se inició una corriente cultural tendiente a inventar la identidad nacional argentina. Fue así como proliferaron biografías de próceres como San Martín y Belgrano (destacándose las hechas por Mitre). Eduardo Wilde, Lucio V. Mansilla y Miguel Cané trabajaron a través de su pluma y su oratoria a favor de un modelo de país agro exportador, estrechamente vinculado al mercado inglés y permeable a la inmigración. La casi solitaria pluma de José Hernández autor de las obras literarias autóctonas como el "Martín Fierro" fue la única voz de unos ideales tradicionalistas y locales. Eran liberales, sentían que la política era reservada a una minoría dueña de conocimientos y de fortunas. Un claro ejemplo fue cuando a Eduardo Wilde le preguntaron qué opinaba del sufragio universal, su respuesta fue "el triunfo de la ignorancia universal". No creían que el pueblo estaba listo para una democracia plena, a causa de ese motivo, el fraude siguió hasta la segunda década del siglo XX y aún seguía practicándose años después del último gobierno de Yrigoyen. Esa gente practicaba además la casta y para eso tenía que exhibir el dinero con el cual disponía abundantemente bajo formas que los caracterice como una elite culta y adinerada: estos aristócratas gustaron de adecuarse al último grito en frivolidades habidas en Paris y en Londres incluyendo la cultura. El majestuoso Teatro Colón de Buenos Aires fue el máximo exponente de dicha preocupación por llegar a la extravagancia cultural desplazando poco a poco los gustos y costumbres autóctonas. Miguel Juárez Celmán, como sucesor digitado de Roca, con Carlos Pellegrini como vicepresidente, asumió el gobierno el 12 de octubre de 1886 pero la crisis económica fue la marca de ese período. Los desajustes administrativos, la especulación y los fraudes al Estado agravaron la situación. La deuda pública aumentó en tres años de 117 a 295 millones de pesos. Las huelgas y las movilizaciones del naciente movimiento obrero argentino se intensificaron notablemente.
La campaña para las elecciones presidenciales de 1892 se llevó a cabo en un clima de gran agitación política. En 1891 se produjo la escisión de la Unión Cívica debido a la proclamación de la fórmula electoral encabezada por Mitre, que no fue aceptada por un sector del partido dirigido por Leandro N. Alem. Esos disidentes formaron un nuevo partido que sería uno de los grandes de hoy día: la Unión Cívica Radical.
La complicada situación política hizo difícil la acción del gobierno, sobre todo por la firme oposición de la Unión Cívica Radical, cuyos jefes Leandro N. Alem y su sobrino Hipólito Yrigoyen se negaron a colaborar con las autoridades. En nueve meses de gobierno se produjeron veintitrés crisis ministeriales. La Unión Cívica volvió a intentar un movimiento revolucionario en 1893 que, aún fracasando, sirvió para probar su fuerza. La situación política originó la renuncia del presidente el 23 de enero de 1895, que fue reemplazado, para lo que faltaba de su período presidencial, por el vicepresidente Uriburu. Bajo la administración de Uriburu se realizó el segundo censo nacional, que registró una población de 4.000.000 de habitantes. El comercio exterior arrojó un saldo favorable al país por primera vez después de casi una década. En 1898 una convención nacional sancionó reformas constitucionales que elevaron a ocho el número de ministerios. La Unión Cívica Radical, opositora del oficialismo, perdió a su jefe Alem, que se suicidó en julio de 1896 dentro de su carruaje dejando un testamento curioso en el cual pedía a su partido que en casos de extrema crisis política "que se rompa pero que no se doble". Le sucedió en la jefatura del partido el lacónico y misterioso Hipólito Yrigoyen. En cuanto a la política internacional, le tocó a Uriburu afrontar el grave conflicto con Chile y tuvo que asumir la responsabilidad de preparar al país para la guerra creando la Ley de la Conscripción. Sin embargo se evitó prudentemente el peligro de una guerra y las dos partes convinieron en la elección de un árbitro que dirimiera la disputa. Terminado el mandato de Uriburu, fue elegido por segunda vez para el cargo de presidente de la nación Julio A. Roca, que lo asumió el 12 de octubre de 1898 siendo el primer político argentino en ser dos veces presidente. Le acompañó como vicepresidente Norberto Quirno Costa. El gobierno del general Roca encontró una firme oposición en la clase trabajadora, que intensificó movilizaciones y huelgas en su lucha por las mejoras salariales y laborales. Se creó la Federación Obrera Regional Argentina en la cual predominaban los anarquistas. El gobierno intentó establecer el estado de sitio en varias provincias, a lo que los obreros respondiendo con una huelga general en 1902. Durante esta segunda versión del gobierno de Roca se realizaron importantes obras públicas, se crearon nuevas leyes financieras e impositivas y se logró un saldo favorable en la balanza comercial. Argentina iba muy bien encaminada y ya era muy apreciada por los países más avanzados de la época. A Roca le sucedió Manuel Quintana antiguo abogado del Banco de Londres, que empezó su magistratura el 12 de octubre de 1904 junto con José Figueroa Alcorta, elegido para la vicepresidencia ya sin su gran rival político para enfrentarle, Bartolomé Mitre, fallecido en 1901 "dejando atrás de si mismo su diario La Nación" como guardaespaldas de su condición de prócer" como diría años después el poeta, tanguero y dirigente radical devenido en peronista Homero Manzi. Los radicales, a cuya cabeza estaba Hipólito Yrigoyen, continuaban con su "abstención revolucionaria" electoral y no concurrieron a las elecciones. Este partido ganaba cada vez más adeptos entre los ciudadanos cansados de la omnipotencia de los grandes latifundistas y la desigualdad con la que repartían las tierras públicas en la ya extensa provincia de Buenos Aires a diferencia de la muy bien repartida de tierras en Santa Fe y Entre Ríos. Al poco tiempo de haber asumido Quintana el gobierno, el 4 de febrero de 1905, Yrigoyen desencadenó un movimiento revolucionario contra el régimen imperante en el país, que desoía las reclamaciones populares sobre una reforma electoral. El gobierno sofocó dicho movimiento, pero el movimiento obrero se incrementaba de forma considerable, especialmente en las ciudades industriales, como Buenos Aires y Rosario. Quintana se enfermó a fines de 1905 y falleció en marzo de 1906, y el vicepresidente José Figueroa Alcorta debió hacerse cargo de la presidencia. Su gobierno estuvo en constante zozobra a causa de los movimientos anarquistas, sobre todo al producirse las grandes huelgas de 1909 y 1910.
El centenario de la revolución de Mayo encontró al país situado como la séptima economía del mundo. Fue muy festejado con actos muy solemnes incluyendo muchos ilustres invitados entre los cuales estaba la Infanta Isabel de Borbón (tía de Alfonso XIII, rey de España) y el político luego devenido presidente francés Georges Clemenceau y fue conmemorado literariamente con Leopoldo Lugones y con el poeta nicaragüense Rubén Darío quien redactó la magnífica Oda a la Argentina. El sol centenario alumbró la Argentina el 25 de mayo de 1910 encontrando en ella 6.500.000 habitantes, de los cuales un millón eran italianos nativos y aproximadamente 800.000 españoles nativos. En tanto, sigue creciendo la afición por el deporte. Como parte de los festejos del Centenario, se realiza en Buenos Aires el primer campeonato sudamericano de fútbol, deporte que instantáneamente se convirtió en el predilecto de los argentinos gracias a su introducción por los británicos residentes en el país, en el que participaron equipos de Argentina, Chile y Uruguay. Lo ganó Argentina. |
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