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Tapa de "Caras y Caretas" mostrando el relevo de presidentes militares: Justo (izq.) presenta arma a Uriburu (der.)
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Con la caída y deportación de Yrigoyen se cierra el período de la "República Radical" y
comienza una política de neto corte conservador. El golpista Uriburu tras una breve y fracasada experiencia de gobierno fascista y corporativista a la manera del italiano
Mussolini y del español Primo de Rivera decidió convocar a elecciones en las cuales tenía que triunfar y triunfó el candidato oficialista el general Agustín P. Justo
(noviembre de 1931) fácilmente ya que la UCR estaba prohibida en las boletas. Le acompañaba como vicepresidente Julio A. Roca (h). Pronto se exteriorizó la
orientación política ultraconservadora del nuevo presidente. Se prohibió la inmigración (no había más trabajo para todos ya) y para resolver las dificultades financieras se
recurrió a empréstitos interiores y exteriores. Se reajustó la economía nacional con la mirada puesta en la defensa de los grandes productores. El gobierno aplicó una política
intervencionista en materia económica. Se produjo una gran expansión industrial, lo que motivó una corriente migratoria del campo a la ciudad. Este hecho originó la
aparición de los llamados "cinturones industriales" o "villas miserias".
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Tapa de "Caras y Caretas" mofándose del tratado de Roca - Runciman (se saludan con la mano izquierda)
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Fue en esa época que la Argentina casi rogó de rodillas a Gran Bretaña tener un status privilegiado
en el comercio exterior. Gran Bretaña en medio de la crisis mundial, priorizó la compraventa de productos entre sus colonias del Commonwealth (Canadá, Australia, la India, etc.) y ella misma.
Argentina a través del tratado Roca (h) – Runciman se puso al mismo nivel de las colonias británicas con tal de lograr colocar sus carnes y su trigo en venta segura. El tratado en sí mismo es
vergonzoso en términos de soberanía nacional pero oportuno para los bolsillos ajetreados de los productores nacionales dadas las circunstancias de esa época.
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Escena de la película "Asesinato en el Senado de la Nación" (1984) dirigida por Juan José Jusid. El actor de barba blanca
representaba a De La Torre.
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El senador santafecino, Lisandro De La Torre, muchas veces vinculado con el "Régimen" (así era
conocido al gobierno conservador) esta vez no se calló la boca. Lo denunció virulentamente en el Congreso de la Nación y mientras salía del bullicioso y caldeado recinto, un matón sacó una pistola
disparándole varias veces. Pero las balas acertaron el cuerpo del senador Enzo Bordabehere quien cubrió a De La Torre de una muerte segura.
Pese al escándalo y nuevos fraudes descarados en elecciones legislativas y provinciales
en los cuales los conservadores siempre "ganaban" ("Fraude Patriótico" era así llamada la artera maniobra justificada por los oficialistas quizás recordando aquella opinión en
contrario de Eduardo Wilde sobre el sufragio universal), el país empezó a mejorar y a retomar el ritmo económico de los años 20 hacia finales de la década de 30.
El Régimen se anotó un punto con el Premio Nóbel de Paz de 1936 otorgado a su canciller Carlos Saavedra Lamas
quien contribuyó a detener la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay con un tratado definitivo de paz y límites entre los dos antagonistas. Pero dicho premio tiene una oscura historia detrás del mismo: la Argentina
oficialmente se declaró neutral en la contienda pero dentro de las fuerzas armadas, del gobierno y de grandes sectores de la población del país siempre pujaron a favor de los guaraníes en toda la guerra que
duró de 1932 a 1935 llegando al tal extremo de enviar asesores militares, servicios de espionaje en Bolivia, insumos bélicos y combustible y a la vez retenían en puertos argentinos las armas que
los bolivianos compraron al exterior. Saavedra Lamas siempre buscó sacar el mejor resultado para el Paraguay en cualquier aspecto de la guerra porque desde hacía décadas, el país guaraní
estaba gobernado por el Partido Liberal que era claramente pro argentino y a ese gobierno no había que dejarlo en banda. En Bolivia se escandalizaron por la descarada ayuda argentina al Paraguay que hasta se consideró
declarar la guerra a la Argentina pero no lo hizo puesto que Bolivia se hallaba muy desgastada contra un aguerrido y decidido
rival que era ayudado por un país con muchos recursos. Al final la guerra la ganó el Paraguay y Saavedra Lamas juzgó que era el mejor momento de bajarle el telón y forzar a Bolivia a firmar la paz lo antes posible.
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Ramón S. Castillo y Roberto Ortiz
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Cuando llegaron nuevas elecciones triunfó la candidatura de Roberto M.
Ortiz como presidente y Ramón S. Castillo como vicepresidente por la "Concordancia" conglomerado político en el cual se pretendió dar una imagen más democrática mostrando a Ortiz un antiguo militante radical
junto con Castillo un ultraconservador recalcitrante. El radicalismo quiso presentarse encabezado por el venerable líder Marcelo T. de Alvear pero el Régimen del siempre sonriente pese a todo Agustín Justo le vetó la
muy clara posibilidad de ser presidente por segunda vez. No le quedó otra que agachar la cabeza y observar los movimientos políticos desde el llano.
El nuevo presidente asumió el cargo el 20 de febrero de 1938. Cuando
estalló la Segunda Guerra Mundial, decretó la decidida neutralidad influenciado por el Ejército dominado por pensamientos filofascistas y
nazis pese a que submarinos alemanes hundieron unos barcos mercantes argentinos con su lógica pérdida de vidas. La opinión
pública como casi veinte años atrás reclamó la decidida entrada argentina en la mayor de las contiendas de todos los siglos de
la Humanidad pero el gobierno siguió negándose a participar. Eso marcó las relaciones internacionales de manera perdurable entre la Argentina y los vencedores de dicha guerra, unas relaciones siempre en contramano en el futuro.
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El hoy emblemático Obelisco porteño erigido en 1936
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Dio los primeros pasos hacia la normalización institucional del país (quizás recordando
su pasado radical); con ese objeto intervinieron varias provincias, entre ellas la de Buenos Aires. Pero no pudo continuar su obra, afectado por una ceguera incurable;
delegó el mando en junio de 1940 y renunció al mismo en 1942. Le sucedió desde 1940 Ramón S. Castillo, político obstinado en sus puntos de vista y auto-aislado de la
realidad pública. La situación política interna se agravaba día tras día. El descontento pasivo cedía lugar a la prédica airada sumada a la crisis económica ocasionada por la
escasez de muchos productos a causa de la guerra mundial y la idea de lograr un cambio político completo por medio de una revolución comenzó a cuajar en las esferas
militares dominadas por oficiales de ideología absolutista y admiradores del estilo alemán de milicia.
El carismático Agustín Justo que todavía gozaba de un buen número de simpatías
populares planeaba regresar al poder para rescatar al Régimen desprestigiado por Castillo y llevar a la Argentina a la guerra al lado de los aliados según conocidos suyos,
muere repentinamente haciendo que el presidente Castillo designe a dedo a Robustiano Patrón Costas, solvente industrial de Salta.
Eso fue demasiado: un símbolo de la oligarquía como Presidente de la Nación era ya
inadmisible. El Régimen empieza a tener horas contadas.
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