Capitulo 18:
Vivir después de Perón

Lonardi encontró dificultades en el desempeño de su gestión, ya que las fuerzas que se habían unido para derrocar a Perón tenían intereses muy dispares. El 13 de noviembre de 1955 un golpe de estado interno le obligó a renunciar, asumiendo la primera magistratura el muy duro y ortodoxo general Pedro Eugenio Aramburu quien descreía del mensaje conciliatorio de Lonardi: "No hay vencedores ni vencidos". Durante su gestión de casi tres años aplicó enérgicas medidas contra los adictos al régimen peronista que pretendían llegar nuevamente al poder prohibiéndolos participar a elecciones a nivel provincial y haciendo fusilar al general peronista Valle por sublevación. Entre tanto, la separación entre oligarquía y masas populares se ahondaba; los sectores urbanos habían crecido y adquirido conciencia de su fuerza como grupo social a la vez que experiencia política. Se llegó a reglamentar la prohibición de pronunciar inclusive el apellido del presidente depuesto, Perón.

Arturo Frondizi

Aramburu convocó elecciones generales con la aparición de los partidos tradicionales, incluyendo al radicalismo profundamente dividido en dos: Balbín encabezó la Unión Cívica Radical del Pueblo llevándose a todos los tradicionalistas de la antigua UCR y Arturo Frondizi a la cabeza del disidente Unión Cívica Radical Intransigente. Este último pudo derrotar a su contraparte en las elecciones del 1º de mayo de 1958. Durante su campaña electoral había insistido reiteradamente en la necesidad del "desarrollo económico". Recibía un país en el que habían irrumpido grandes problemas: los que suscitó la crisis social desencadenada por el ascenso de las masas en la época de Perón y los surgidos de la crisis económica que se incubaba desde 1951 debido a la pésima administración pública. Trató de hacer compatible el desarrollismo tecnocrático con el liberalismo político, pero su alianza táctica con los peronistas (para poder llegar a ser presidente en 1958) le obligó a dar satisfacción a las reivindicaciones sociales. Su programa de reconstrucción económica que incluía la explotación del petróleo nacional para lograr divisas desde el exterior, que contó con el respaldo de las grandes compañías estadounidenses, alarmó a la burguesía industrial nacionalista surgida bajo el peronismo que veía así perder su peso en la sociedad y en la política.

Frondizi tuvo que soportar frecuentes "planteos" militares incluyendo una pública indagatoria sobre el porqué de la recepción concedida al famoso guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara en una visita suya a la Argentina, que acabaron por derribarlo. Para colmo de colmos los militares se dividieron en dos bandos: colorado (los antiperonistas a ultranza) y azules (los tolerantes al actual orden político encabezados por el general Onganía) y combatían con tanques en las calles de algunas ciudades creando una holgada inseguridad en la población del país, ganando luego el bando azul. El presidente, que se negó a renunciar ante las fuerzas militares, se alejó del poder en marzo de 1962 y puesto prisionero en la isla Martín García. Le reemplazó el presidente del Senado, José M. Guido quien se adelantó así a los militares jurando la presidencia para ganarles de mano y sostener hasta donde era posible el estado de derecho constitucional. Fue lamentable el final de dicha presidencia puesto que Frondizi era uno de los pocos presidentes argentinos de los tiempos modernos que tomó en serio la tarea de reencauzar la administración pública nacional y tratar de devolver un buen sitial a la economía de la República Argentina en el mundo.

Caricatura de Arturo Illia erróneamente percibido como lento de decisiones

En las nuevas elecciones generales en 1963 se impuso la Unión Cívica Radical del Pueblo, y el colegio electoral designó presidente a Arturo Umberto llIia quien contaba con un caudal electoral de unos 2.400.000 votos que superaron a los casi 1.500.000 votos del candidato de la Unión Radical Intransigente, Allende. Pero los peronistas dictaron claramente su abstención electoral: casi 1.900.000 votos fueron en blanco. De nuevo encargados del gobierno por primera vez después de más de treinta años, los radicales cayeron en viejos vicios yrigoyenistas, la lentitud administrativa y la burocracia excesiva, que demoraban el progreso del país. En junio de 1966 Arturo llIia fue depuesto por el ejército quien no veía bien el carácter aparentemente indolente del anciano, honrado y bien intencionado presidente Illia quien simplemente pidió un taxi y se marchó a la casa de su hija y el 29 del mismo mes asumió la presidencia el teniente general Juan Carlos Onganía.

El peor error de Onganía: la Noche de los Bastones Largos

El nuevo régimen militar reorganizó la vida política del país y orientó la política económica hacia el logro de la estabilidad monetaria. Disolvió el Congreso y prohibió los partidos políticos, al tiempo que prometía restaurar todos los "valores argentinos".

Pese a algunos éxitos en materia económica del "Onganiato" (superávit que posibilitó obras públicas como la central atómica de Atucha y la estación terrena para comunicaciones satelitales de Balcarce) la necesidad de manifestación política de parte del pueblo no podía ser acallada.

El Acta y el Estatuto de la revolución (que reemplazaban a la Constitución Nacional) reflejaron el autoritarismo político y el así llamado liberalismo económico que propugnaban los sectores más conservadores de las fuerzas armadas, conectados con los grupos económicos extranjeros. Incapaz de resolver los problemas, el régimen militar tuvo que hacer frente a uno de los períodos más agitados de la historia del país que se inició con la "Noche de los Bastones Largos" en 1966 cuando muchos profesores y alumnos universitarios protestaron contra el recorte de presupuesto y la censura de determinados programas de estudios e investigación científica siendo los mismos ferozmente reprimidos por largos y sólidos bastones policiales atestando sobre los mejores cerebros del país provocando el comienzo de una sostenida emigración de sus mejores valores. La Argentina aún no se repuso actualmente de ese atroz error histórico de Onganía.

Se apagaba la luz de la cordura y el sentido común político de todos los argentinos.