Capitulo 2:
De olvidada colonia a orgulloso Virreinato

Entrada de la ciudad de Colonia de Sacramento en el actual Uruguay. Nótese que aún está las armas del escudo portugués encima del portal.

En agosto de 1776 Carlos III, movido por necesidades estratégicas, nombró como primer virrey del Río de la Plata a Pedro de Cevallos. Los territorios de las gobernaciones del Río de la Plata, del Paraguay y del Tucumán y los territorios de Cuyo, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas quedaron así unidos bajo la autoridad virreinal. Buenos Aires se convirtió de repente en capital del más extenso territorio virreinal de todas las colonias en la larga historia española haciéndola crecer muchísimo en tamaño e importancia dejando atrás su pasado de "ciudad bastarda" con una economía propia, primitiva y apenas subsistente que eran las vaquerías. Fue en esos tiempos que nacieron las primeras dinastías aristócratas porteñas que primero dominaron la ciudad, luego la provincia para terminar decidiendo los destinos del país mal le pesen a los cultos cordobeses, los laboriosos tucumanos y los paraguayos amantes de la autonomía quienes prefirieron independizarse a la menor oportunidad...

Con la nueva reorganización política, España pudo dirimir definitivamente a favor la larga cuestión de Colonia de Sacramento contra Portugal que la había fundado sobre el Plata con el fin de poder dar seguridad a sus buques que salían de los ríos interiores brasileños pero que inevitablemente desembocarían en la cuenca del Plata. España pasó a ocuparla y eso largó a Montevideo a crecer progresivamente a tal punto que rivalizaba abiertamente con Buenos Aires porque posee un excelente puerto bien profundo y muchas veces era preferido por los habitantes del virreinato para una segura y rápida salida al mar. Eso resintió a Buenos Aires a tal punto que vetó la construcción de un faro en Montevideo.

La condición de ciudad-puerto de Buenos Aires se acentuó con la aplicación de las nuevas medidas económicas expresadas en el Reglamento de Libre Comercio de 1778, que habilitaba 13 puertos españoles y 24 americanos para el comercio entre España y las Indias. Si bien se produjo un florecimiento en la vida de la colonia, tanto en Buenos Aires como en las ciudades del interior, el citado Reglamento perjudicó las bases económicas del interior y a la vez aumentó la riqueza de Buenos Aires. Así se fomentó el pensamiento de posteriores argentinos de tendencia unitaria: que Buenos Aires sea la directora de los destinos y acciones de los territorios a cargo suyo. Eso trajo luego mucho resentimiento a causa de un pensamiento que fue estructurado a través de reglamentos coloniales durante muchos siglos.

En 1782 el virreinato del Río de la Plata fue dividido en ocho intendencias: Buenos Aires, Salta del Tucumán, Córdoba del Tucumán, La Paz, Charcas, Potosí, Cochabamba, Paraguay y cuatro gobernaciones militares subordinadas. Al frente de cada intendencia había un gobernador intendente. La autoridad de Buenos Aires se vio acrecentada aún más con la instalación de la Audiencia, que se formalizó el 9 de agosto de 1795.
 

Las invasiones inglesas

A mediados de 1806 Gran Bretaña atacó el Río de la Plata y ocupó Buenos Aires por razones estratégicas: perdidas las colonias de Norte América, hoy los Estados Unidos, Gran Bretaña precisaba tener además de tierras fértiles y un control el paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, una apertura de nuevos puertos para el comercio inglés ya que las ex colonias norteamericanas aún se negaban a abrirse como mercado a sus ex amos y los puertos europeos estaban clausurados por Napoleón, emperador de Francia y dominador de la Europa continental.

Las fuerzas británicas desembarcaron bajo el mando del general Beresford. El virrey Sobremonte huyó a Córdoba con los fondos del virreinato haciendo que el porteño Juan Martín de Pueyrredón y su gente de la campiña y Santiago de Liniers jefe militar de unas fuerzas españolas y criollas organizaran exitosamente la reconquista de la ciudad, logrando que los británicos capitularan el 12 de agosto de 1806 tras cruenta batalla urbana lo cual fue un importante error británico en estrategia militar: si los ingleses salían al campo a presentar batalla, sus contrincantes no tendrían chance alguna de victoria debido al impresionante orden y disciplina en formación de parte de los británicos.

A los pocos días se reunió un cabildo abierto que obtuvo del virrey la delegación del mando militar en Liniers y del mando político en la Audiencia. Aunque fue efímero el paso británico en Buenos Aires, Beresford se apresuró a reducir los derechos de aduana para establecer la libertad de comercio con el objetivo caer bien entre los comerciantes del Río de la Plata. Así se fortaleció la idea de poseer libertad económica entre los porteños y el abogado Manuel Belgrano eventualmente fundó un diario mercantil para propagar las leyes liberales del mercado.

Santiago de Liniers (izquierda) acepta la espada rendida del general británico Beresford después de la reconquista de la ciudad en 1806.

En febrero del año siguiente, ante la evidencia de un nuevo ataque británico desde la Banda Oriental donde los británicos estaban acantonados desde la primera invasión, se reunió una Junta de guerra que decidió deponer al inoperante Sobremonte. En justicia para con Sobremonte, hay que recalcar que Cevallos, primer y antiguo virrey, hizo instrucciones en las cuales, en caso de peligro exterior, el primer deber del virrey es asegurar los fondos reales y el dinero de los particulares y escapar poniéndolos a buen recaudo. Cumplió dichas instrucciones y quedó ante la historia como un cobarde.

Los británicos ocuparon Montevideo en febrero de 1807 y en julio se lanzaron contra Buenos Aires al mando del general John Whitelocke, venciendo a Liniers en una batalla a campo abierto pero en la ciudad de Buenos Aires los esperaba una resistencia casa por casa organizada por el alcalde Martín de Alzaga que los venció clamorosamente con algunos refuerzos traídos desde las provincias del Litoral incluyendo el Paraguay. Liniers por su heroísmo y lealtad a la Corona española, fue nombrado virrey pese a que era francés de nacimiento.

Antes de las invasiones inglesas, España sólo tenía un regimiento fijo en la región del Plata que no realizaba instrucción militar adecuada y regular. Después del cimbronazo, Buenos Aires ya contaba con regimientos militares de propia creación y con invaluable experiencia: los Patricios, los Arribeños, los Pardos, los Morenos, etc.

La hazaña de expulsar dos veces a los soldados más valientes del mundo y entonces exitosos enemigos de Napoleón, brillante estratega militar de la época le valió a Buenos Aires un prestigio enorme ante toda América y por supuesto ante las ciudades de su propia jurisdicción.

Con ideas de autonomía económica implantadas por los británicos y inesperado poder de autodecisión política y militar, era evidente que las posteriores consecuencias fueran clave para despertar la idea de un país que decida por sí mismo.