Capitulo 21:
Sangre y heroísmo en el Atlántico Sur

Galtieri, personaje no demasiado lúcido, arrogante y vanidoso, halló que al Proceso se le terminaba su tiempo de paciencia de parte del pueblo, la economía nunca sería resuelta a corto plazo, prefirió un instantáneo golpe de efecto para acallar posibles rebeliones populares. Como que con Chile, la Argentina estuvo a apenas 24 horas de ir a la guerra en vísperas de la navidad de 1978, no pudo ser gracias a la más que oportunísima intervención del cardenal Samoré enviado por el Papa Juan Pablo II para mediar en el caso. Fue así que Argentina y Chile desecharon el arbitraje británico decidiéndose por el arbitraje del Vaticano. Entonces quedaba el viejo conflicto sesquicentenario de las Islas Malvinas en poder inglés desde 1833.

Las Islas Malvinas en castellano, Falklands en inglés

El tema de las islas Malvinas es un tema añejo y datado desde la época de la Colonia. Dicho archipiélago situado en el océano Atlántico sur y basado en la plataforma marítima continental sudamericana fue avistado por primera vez por marinos británicos quienes no tomaron posesión del mismo en el siglo XVI y bautizadas como islas "Falklands" en homenaje al vizconde de Falkland en el siglo XVII. Su primera colonización fue en 1764 y fue llevada a cabo por los franceses capitaneados por Louis de Bougainville dándoles el nombre de "Malouines" ya que la mayoría de ellos eran de Saint Maló, Francia. Fundaron el fuerte Saint Louis en ese mismo año mientras al año siguiente los británicos desembarcaron en otra parte de las islas fundando Puerto Egmont. España teniendo jurisdicción teórica sobre las islas reclamó a sus aliados franceses y a los ingleses que las desocuparan. Los primeros obedecieron pero los otros lo hicieron a regañadientes y por la fuerza. Entonces España impuso un gobernador en las remotas islas que obedecía al Virrey del Río de la Plata.

Cuando estalló la guerra de la Independencia, desde Montevideo convocaron a las pocas fuerzas españolas insulares para la defensa de la Banda Oriental de las fuerzas patriotas, las islas quedaron abandonadas y fueron utilizadas como refugio y escala de diferentes barcos de diferentes naciones sin que nadie se anime a reclamar posesión y soberanía de las mismas hasta el 2 de noviembre de 1820 cuando fuerzas porteñas dirigidas por el capitán corsario norteamericano David Jewett siguiendo órdenes impartidas por el gobierno de la provincia de Buenos Aires llegaron al Puerto Soledad en donde se izó la enseña patria azulceleste y blanca delante de testigos ingleses y norteamericanos entregando a los mismos manifestaciones en español y en inglés en el cual aquel que esté en las islas tendrá amparo bajo pabellón argentino. Inglaterra no protestó por el hecho. Cuando Inglaterra reconoció la independencia argentina en 1825 firmando un tratado de amistad, navegación y comercio estaba en paz y obtenía grandes ganancias comerciales con la Argentina, en estos momento jamás hizo mención alguna hacia la posesión y establecimiento de los argentinos en dichas islas. Después la provincia de Buenos Aires asignó a Vernet como comandante político y militar de las islas Malvinas el 10 de junio de 1829 lo cual inició recién la primera protesta inglesa en ese entonces subestimada. Ya en 1832 una rebelión en la comandancia militar sumado a un ataque de un corsario norteamericano contra Puerto Soledad devastaron a los habitantes argentinos haciéndolos débiles ante la presencia de los ingleses que llegaron el 2 de enero de 1833 quienes los desalojaron. Desde ese entonces la República Argentina las añora hasta el día de hoy.

Los conscriptos, verdaderos y únicos heroes en una guerra totalmente innecesaria

Los británicos no se establecieron enseguida en las islas dejándolas abandonadas hasta que efectivizaron su colonia el 7 de enero de 1837 fundándose Puerto Stanley en 1843. Para entender la posición británica sobre el tema es que bien entrado el siglo XIX, Inglaterra necesitaba un paso propio estratégico y aprovisionador de sus barcos entre la metrópoli y sus colonias lejanas e importantes como Sudáfrica y Australia en una época que no existían el Canal de Suez y  el Canal de Panamá para acortar los viajes. Desde ese entonces ignoraron sistemáticamente todo reclamo argentino sobre las Islas incluyendo la increíble oferta de Juan Manuel de Rosas de venderles las islas como pago de la deuda contraída por los porteños con la banca inglesa Baring Brothers el 17 de febrero de 1843. Justo el "Campeón de la soberanía argentina" del combate de Vuelta de Obligado contra el bloqueo franco -británico (20 de noviembre de 1845) casi rifando la soberanía nacional de las islas...

Las islas tuvieron una importancia inusitada para el imperio británico en ambas guerras mundiales al igual que otra colonia suya, Gibraltar, arrebatada a los españoles en 1713 y desde 1860 hasta 1930 la Argentina no insistió con fuerzas en sus reclamos ya que estaba en su esplendor económico e Inglaterra era una socia privilegiada en el comercio internacional argentino. Pero la crisis de 1930 con Inglaterra prefiriendo atender el comercio con sus colonias, la Argentina empezó a resucitar el vigor de sus reclamos soberanos.

Las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, vecinas de las islas Malvinas fueron posesionadas por primera vez por la República Argentina antes que ninguna otra nación entre 1892 y 1908. Como que ambas islas no poseían destacamento militar argentino, los británicos se las apropiaron por la fuerza e incruentamente en 1950 las primeras y en 1982 (después de la guerra) las otras.

La Argentina obtuvo una muy importante victoria diplomática en la ONU en 1962 cuando pasaron el caso de las Malvinas al proceso de descolonización mediante la Resolución 2065. Ya ser una potencia colonizadora es mal vista en aquellos años cuando innumerables colonias europeas se independizaban. La ONU tuvo en cuenta la etnia de la población en las Islas y sugirió que las conversaciones acerca de la soberanía incluyeran el bienestar y el futuro de los pobladores de las islas.

En 1968 Inglaterra consideraba seriamente en una devolución de las islas a la Argentina ya que le costaba mucho dinero mantenerlas como colonia, sus habitantes no tenían derecho a la nacionalidad británica y no generaban ganancias. Pero la dueña de las tierras privadas de las islas la Falkland Island Company se opuso a la devolución y todo quedó en la nada mientras Inglaterra iba a la deriva en el concierto internacional político y económico siendo una potencia importante pero ya de segundo orden a la par de Alemania y Francia. La Argentina percibió equivocadamente la indiferencia inglesa por una solución diplomática al diferendo como un desdén cuando en realidad los ingleses estaban muy preocupados por su situación en la metrópoli. Luego la vorágine política y económica que azotó la Argentina en la década de '70 marginó aún más para los británicos la imagen de país centrado capaz de cuidar y defender los derechos de los isleños. No obstante eso, Argentina enlazó vuelos entre Comodoro Rivadavia (Chubut) y Stanley amen de proveerles gas, combustible, asistencia médica en hospitales en el continente y un par de maestras de castellano.

Los argentinos cada vez más se volvían nacionalistas, más apartados de la alianza anticomunista mundial que encabezaban los EEUU e Inglaterra, más socios del Movimiento No Alineados. La ascensión al poder de parte de Margaret Thatcher en 1979 marcó la tendencia de recuperar como sea el orgullo de ser británico en un país asolado por el desempleo y decadencia económica y política en un imperio al cual le quedaban muy pocas colonias. Galtieri cuyo canciller era Costa Méndez, buscaba algún avance diplomático para mostrar algún progreso se impacientó ante la desidia británica para tratar el tema de las islas ya que para la diplomacia inglesa era de muy baja prioridad.

Se habló de invadir militarmente las islas y si la CIA norteamericana o el Foreign Office británico no se enteraron del asunto, sería un caso muy raro de desinformación o más bien estaban tendiendo el anzuelo para que la Argentina se confíe y vaya por las armas a las islas. Un permiso otorgado por Inglaterra a un ciudadano argentino para desmantelar una base en las Georgias del Sur para poder aprovechar la chatarra dio pie para que los militares argentinos se cuelen y ocupen dichas islas el 20 de marzo de 1982. Inglaterra protestó y los militares se confiaron de que no habría una enérgica respuesta inglesa y de que los EEUU invocarían la Doctrina Monroe (teoría del presidente norteamericano que establecía que América pertenece a los americanos y que EEUU defendería los intereses americanos desde el siglo XIX).

Los argentinos finalmente dieron el golpe: el 2 de abril de 1982 desembarcaron en Stanley y redujeron sin provocar bajas en las líneas británicas costándoles un solo muerto, el capitán Giachino. Se consumó así el más grande mal cálculo en todo sentido cometido por gobierno alguno de la historia de la Argentina.

Inglaterra finalmente reaccionó fuertemente y esquivó toda negociación que lleve a la solución pacífica del lío ya que Thatcher vio la oportunidad de oro para encumbrarse en la historia de su país, levantar el menguado orgullo inglés y reactivar la economía de los británicos si realizaba una guerra rápida y victoriosa. Todo eso gracias a la dictadura de opereta, ineficiente y tercermundista que estaba oprimiendo a los argentinos. Los EEUU por términos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, alianza militar entre países occidentales) ayudó en la inteligencia a los británicos dando al traste a la ilusión irreal de los militares argentinos de que se mantendría al menos neutral en el conflicto. Los comunistas, enemigos de los occidentales, no se movieron a favor de una dictadura que eliminó a sus ahijados políticos en la guerra sucia. Cuba solo apoyó de palabra por su condición de país latinoamericano. No hubo nunca una declaración formal de guerra de parte de Argentina ni de Inglaterra. Eso quizás fue lo que salvaguardó los derechos de la Argentina después de la derrota bélica.

Los militares debieron movilizar a conscriptos, quienes no tenían prácticamente ningún entrenamiento ya que su servicio militar apenas empezaba hacia dos meses... fueron a las islas mal armados, mal nutridos y mal vestidos. Ellos fueron los verdaderos héroes de la Argentina, no los sinvergüenzas que estaban en el poder arriesgando todos los legítimos reclamos nacionales a través del azar de las armas y también la seguridad y economía de todo un país y de los isleños que se vieron envuelto en una guerra para nada necesaria y absurda cerca de sus hogares.

Crucero General Belgrano

La guerra fue breve, Inglaterra impuso un limite alrededor de las islas declarando así una zona de exclusión a la cual no vaciló romperla cuando un submarino inglés hundió al crucero General Belgrano el 2 de mayo de 1982 fuera de dicha zona matando 321 marinos argentinos bajando mucho la moral de la población argentina quien seguía hasta ese entonces las acciones con la misma atención que dedicaba al campeonato de fútbol local y el inminente Mundial de fútbol de 1982. Después las tropas terrestres británicas altamente profesionales invadieron prontamente las islas Malvinas (las Georgias del Sur fueron incruentamente invadidas sin que las tropas dirigidas por el capitán Astiz -conocido torturador- hayan disparado un solo tiro en defensa de dichas islas el 26 de abril). Con la hundición del crucero General Belgrano, la Marina sin mucha inteligencia naval y sospechando aguas infestadas por submarinos y con la hipótesis de un aprovechamiento chileno del territorio continental argentino sin fuerzas armadas como custodia, no se animó a salir a pelear. Para ella, la guerra terminó. En cambio el Ejército debió transportar tropas y armamentos vía aviones Hércules siempre con el peligro de ser atacados por los aviones Sea Harriers británicos. La Fuerza Aérea argentina tuvo así su bautismo de fuego peleando gallarda y heroicamente. Contra los aviones de primer mundo, los argentinos pusieron sus Pucarás, sus Mirages y sus Skyhawks y pese a sus limitaciones y novatadas en el combate aéreo consiguieron hundir importantes modernos y nuevos buques británicos como las fragatas Ardent y Antelope y los destructores Coventry y Sheffield. Con eso se vendió cara la derrota a los ingleses.

Emotiva caricatura hecha por Hermenegildo Sábat para el diario Clarín en la cual muestra al Papa Juan Pablo II reconfortando a un Gardel a quien se le escapa una lágrima en medio de la guerra en las Islas Malvinas

En términos generales, la Fuerza Aérea cumplió cabalmente lo que se esperaba de ella mientras el Ejército adoctrinado en tácticas de guerras ya pasadas no pudo contener el avance de unas tropas entrenadas para una probable guerra contra los rusos llegando a Stanley donde un engominado general Menéndez rinde todas las islas y sus tropas el 14 de junio de 1982. La noticia fue una fuerte bofetada para la población argentina que estaba siendo engañada hasta ese mismo día por noticias optimistas y falsas propaladas por el gobierno del inepto Galtieri quien fue lo suficientemente cínico para recibir al Papa Juan Pablo II en la primera visita jamás habida de un Pontífice católico a la Argentina quien vino al país para convencer a los militares de detener la locura y consolar al pueblo argentino de la inminente derrota (primera semana de junio).

La guerra terminó con 255 muertos y 777 heridos de parte de los británicos y con 700 muertos (incluyendo los caídos del crucero General Belgrano) y más de 1.000 heridos de parte de los argentinos. Inglaterra contabilizó 12.978 argentinos capturados. En pérdidas materiales se calcula en 5.000 millones de dólares para cada contendiente.

El final: los conscriptos entregan sus armas a los soldados profesionales británicos tras luchar siempre más allá de sus posibilidades

El resultado ayudó a prolongar a los conservadores casi dos décadas más en el poder en Londres y derribó casi instantáneamente a Galtieri asumiendo el general Reynaldo Bignone la presidencia convirtiéndose en el último presidente de facto de la República Argentina. Bignone fue poco reconocido en su obra realmente digna de mención: en menos de un año democratizó el país, llamó a elecciones sin restricciones, ahorró dinero dado el despilfarro de los gobiernos militares y la guerra, consiguió pese a la adversa suerte bélica en Malvinas la plena ratificación de la Resolución 2065 dejando claro que la victoria británica no había alterado la naturaleza jurídica del conflicto. Su canciller Aguirre Lanari pidió negociaciones pacíficas para solucionar el diferendo lo cual fue apoyado por los EEUU. Apoyo que quiso ser compensación por su apoyo militar hacia los británicos. Esa seña no se advirtió en la diplomacia del gobierno de Alfonsín .

Mientras tanto en el país se celebraba una campaña electoral muy enfervorizada entre el radical Raúl Alfonsín y el peronista Italo Luder en la cual el último lideraba las preferencias hasta tres días antes de las elecciones cuando unos candidatos peronistas al lado suyo en un acto multidinario quemaron un ataúd con los colores radicales y después discutieron visiblemente en el mismo lugar. Todo eso se vio por televisión y fue ampliamente publicado por los medios. Alfonsín ganó finalmente por el 52% de los votos el 30 de octubre de 1983 asumiendo la presidencia de la Nación el 10 de diciembre de 1983.

Al final del oscuro y aterrador túnel asomaba una pequeña luz para las desventuradas rutas de los argentinos.