Capitulo 3:
Los clamores de Mayo

Después de la segunda invasión británica los criollos descubrieron las ventajas del libre comercio que les habían legado los británicos en sus breves invasiones amen de lograr cierta conciencia de haber rechazado a tan poderoso enemigo sin ayuda desde la metrópolis. Otra fuente de discordia eran los cargos de la administración, pues la corona tenía preferencia por los funcionarios nacidos en la Madre Patria. La idea de una amplia autonomía o inclusive una independencia era discutida con baja voz. En ésta época apareció el primer periódico de carácter comercial, toda una señal de que para lograr la libertad económica, primero había que obtener la libertad política. El abogado Manuel Belgrano era su fundador.

Mientras todo ocurría en el lejano Río de la Plata, la invasión napoleónica de la península ibérica, la abdicación del rey Fernando VII Borbón de España a favor del hermano de Napoleón, José Bonaparte y la guerra contra los invasores franceses sacudían a la Madre Patria y tenían una enorme repercusión en el Río de la Plata. El gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, que no estaba de acuerdo con el virrey Liniers, creó una Junta independiente a imagen y semejanza de las de España el 21 de septiembre de 1808. Liniers no era visto con buenos ojos por su condición de francés y fue sucedido en junio de 1809 por Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Cabildo de Buenos Aires según un óleo de la época. El 25 de mayo de 1810 fue lluvioso.

Apenas iniciado el gobierno de Cisneros, los británicos lograron la apertura del puerto de Buenos Aires. Por primera vez se podía comerciar libremente. Claro está que, por la situación mundial, sólo se beneficiaban Gran Bretaña y el Brasil portugués.

En enero de 1810 un ejército francés invadió Andalucía (sur de España) y la Junta Central de España se dirigió a Cádiz y se transformó en Consejo de Regencia, amparado por los británicos. Todas estas noticias se conocieron en América antes de que llegaran las comunicaciones oficiales. Puesto el virrey Cisneros en conocimiento de los sucesos, decidió el 18 de mayo publicar impresas las gacetas y lanzar una proclama. Era la oportunidad que esperaban los criollos para derrocar al gobierno y crear uno propio con la excusa de que la Junta Central como era tal así ya no existía más y por ende, la autoridad del virrey Cisneros caducaba.
 

Albores del 25 de Mayo

Cabildo abierto de 22 de mayo de 1810

Dos representantes de un grupo de criollos, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano, solicitaron un cabildo abierto (un congreso) para tratar de la situación, que en realidad se buscaba eliminar la autoridad del virrey. El cabildo abierto del 22 de mayo acordó por pluralidad de votos que debía subrogarse el mando que ejercía el virrey y refundirse en el Cabildo provisoriamente y "hasta tanto se elija una superior Junta que haya de ejercerlo, dependiente siempre de la que legítimamente gobierne a nombre del señor don Fernando VII".

En pocas palabras, lo que inicialmente se buscó en esos días era lograr una generosa autonomía bajo la Corona. Ya que en tiempos normales y tranquilos, la Corona jamás permitiría abundantes libertades por lo tanto había que aprovechar aquellos tiempos turbulentos para los españoles de la metrópolis quienes no podrían controlar lo que sucedía en las colonias. Después, razonaron los criollos, tal vez los españoles aceptarían todo lo sucedido como "hechos ya consumados e irreversibles".

Cornelio Saavedra.
Los citos azulcelestes y blancos permiten suponer que el cuadro fue hecho años después de la revolución de Mayo.

El día 23 de mayo el Cabildo, sometido a presión por los peninsulares, resolvió que el virrey no fuera separado del cargo y que debía presidir la nueva Junta. El malestar creció rápidamente, el clamor de los criollos fue intenso y el 25 de mayo, el pueblo porteño se apersonó ante el Cabildo para desbaratar la influencia de los pocos vecinos hispánicos quienes no se atrevieron a imponer la permanencia del virrey Cisneros. Se consumó el golpe.

En esos días dos criollos llamados French y Berruti repartían las primeras escarapelas con los actuales colores argentinos entre el gentío que se apersonó delante del cabildo para seguir los acontecimientos. En realidad eran adhesiones a los colores de la casa de Borbón a la cual pertenecía el rey prisionero Fernando VII. Así se identificaban los partidarios de la "generosa autonomía".

Dichos partidarios de la autonomía impusieron al Cabildo una lista con los nombres de las personas que debían formar la nueva Junta y que eran las siguientes: presidente, comandante general de armas Cornelio Saavedra (nacido en el Alto Perú, luego Bolivia); vocales, Juan José Castelli, licenciado Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, doctor Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea, y secretarios los doctores Juan José Paso y Mariano Moreno. Vale observar que Matheu y Larrea eran españoles: señal de que la primera junta estaba formada solo para apoyar al rey prisionero de los franceses. El hecho de poner un uniformado (Saavedra) como jefe del primer gobierno autónomo sentó un antecedente para muchos gobiernos del futuro país.

Años después se estableció que los hechos del día 25 de mayo de 1810 aparentemente locales para destronar a un virrey tuvieron el efecto suficiente para convertirse en el primer eslabón para empezar a construir un país llamado Argentina y que sirvió como un aliento de libertad para otras naciones latinoamericanas que buscaban en ese entonces la autonomía o la independencia según el caso.
 

Resistencia contra la flamante Junta en el resto del Virreinato

Una de las primeras decisiones de la nueva Junta fue entrar en relaciones con el resto del virreinato ya que entendía la misma Junta que en ese entonces solo representaba la voluntad de la ciudad de Buenos Aires; para concretar la medida se enviaron expediciones militares al Alto Perú (actual Bolivia), Paraguay, la Banda Oriental (conformada por el actual Uruguay) y algunas provincias de la Mesopotamia argentina. Varias ciudades presentaron resistencia a Buenos Aires por motivos varios (ya que caducada la voluntad política del virreinato, Buenos Aires es gobernada por una Junta local según la opinión de los otros dominios del virreinato): Montevideo, Asunción y Córdoba.

La expedición enviada al Alto Perú sofocó en Córdoba una contrarrevolución, y la Junta ordenó fusilar a los jefes principales. Santiago de Liniers, héroe contra los ingleses y de la defensa de Buenos Aires, fue fusilado en Cabeza de Tigre, Córdoba el 26 de agosto de 1810 lo cual era contradictorio en los sentimientos criollos. En dicho mes quedaron rotas las relaciones con Montevideo, que no reconoció a la Junta de Buenos Aires quedando como cabeza del Virreinato aquella ciudad rival de Buenos Aires. Lo mismo ocurría en el Paraguay. El gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, se proclamó sucesor de Cisneros como virrey en lo que quedaba del Virreinato del Río de la Plata. Sería el último virrey del Río de la Plata.

De modo que la Argentina como tal se la conoce hoy día, solo era la ciudad y campiña de Buenos Aires en ese momento.
 

Expediciones militares porteñas decepcionantes

La expedición que marchaba al Alto Perú sufrió la derrota de Cotagaita (27 de octubre de 1810) y obtuvo luego el triunfo de Suipacha (7 de noviembre de 1810) para ser derrotada miserablemente en la batalla de Huaqui (20 de junio de 1811) y perder totalmente el Alto Perú, que pasó a depender del virrey de Perú.

En septiembre de 1810 salió la expedición de Manuel Belgrano rumbo al Paraguay para ver si podían incorporar aquella región bajo la égida de Buenos Aires. Esta campaña militar fue un desastre; Belgrano, abogado consumado pero militar primerizo sufrió una derrota en Paraguari cerca de la ciudad de Asunción el 19 de enero de 1811 y en los primeros días de marzo fue nuevamente batido en Tacuari mientras trataba de retirarse del Paraguay. Pero dicho paso no fue infértil. Belgrano sabiendo que no podría conquistar el Paraguay para la causa autonomista, entabló conversaciones informales con sus vencedores, los capitanes criollos paraguayos, Cabañas, Yegros y Gamarra, y les dejó sus ideas anticoloniales. Los frutos de dichas conversaciones y el recuerdo de una larga tradición paraguaya de insurgencias autonomistas como la Revolución de los Comuneros encabezada por Antequera el siglo anterior no tardaron en aparecer: Asunción declaró la independencia de la otrora provincia del Paraguay la noche del 14 al 15 de mayo de 1811 deponiendo a su gobernador realista Bernardo de Velazco e instauró su propia Junta de Gobierno, independiente de la de Buenos Aires, el 17 de junio de 1811.

Pese a la nobleza del general Belgrano dando su palabra personal de que Buenos Aires no intentaría incorporar a la fuerza en lo sucesivo al Paraguay al conjunto político que encabezaría Buenos Aires, los porteños no cejaron en sus intentos de anexión de tal región guaraní hasta bien entrada la presidencia de Sarmiento.
 

Disensiones dentro de Buenos Aires

Mariano Moreno.
Se cree que sus enemigos lo envenenaron con arsénico. Tenía 32 años cuando murió.

Mientras tanto en Buenos Aires, la Junta provisional se impuso prontamente al Cabildo y a la Real Audiencia, separando de su cargo a quienes trataban de limitar sus atribuciones. Pronto se perfilaron en la Junta dos tendencias: una, centralizadora, sostenía que Buenos Aires debía tener la exclusividad del poder, antecesora del unitarismo; la otra, autonomista (posteriormente el federalismo), afirmaba que era necesario dar cabida en el próximo gobierno general a los pueblos del interior que acepten unirse a Buenos Aires en un proyecto de país organizado. Esta oposición fue motivo de motines y asonadas. El triunfo de la segunda tendencia llevó a la formación de la Junta Grande, única y breve expresión del federalismo. Los centralistas se agruparon alrededor de Moreno, que desde las páginas de la Gaceta de Buenos Aires, fundada en julio de 1810, exponía sus ideas. A fines de 1810 los diputados provincianos se incorporaron a la Junta Grande, lo que motivó la renuncia de Moreno, que se embarcó para Gran Bretaña para morirse repentina y sospechosamente en alta mar. "Era necesaria tanta agua para apagar tanto fuego" fueron las palabras de doble sentido de sus enemigos.

En general puede afirmarse que la Junta Provisional continuó la política económica inaugurada con el Reglamento de Libre Comercio de 1778. Favoreció la importación de productos británicos y la exportación de frutos del país al reducir las trabas aduaneras; el mayor volumen de las operaciones compensó la reducción de impuestos. Los gobiernos posteriores también adoptaron este procedimiento.

Eventos militares adversos como el desastre de Huaqui motivaron la recuperación del poder por los morenistas y la modificación de la estructura de gobierno, pues se creó un poder ejecutivo de tres miembros (Triunvirato, 23 de septiembre de 1811) integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. De marcado carácter centralista, el Triunvirato suprimió las juntas provinciales sustituyéndolas por gobernadores designados por el poder central.