Capitulo 6:
San Martín para toda la América

La epopeya del general José Francisco de San Martín muy bien merece su Capitulo aparte en este sitio.

Retrato de José Francisco de San Martín presuntamente pintado por su hija.

Cruzar el "Coloso de América"

El curce del Ejército por encima del "Coloso de América": la Cordillera de los Andes

A principios de 1817 San Martín finalmente concretó su anhelado cruce de los Andes después de muchas dilaciones a causa de la tacañería del gobierno central de Buenos Aires (en el cual habían ciertos rivales de San Martín dentro de la masonería local como el ya citado Carlos Alvear) . Desde que dejó el Ejército del Norte en manos de José Rondeau, San Martín se ocupó de hacer fabricar armas y cañones, afinar la disciplina del regimiento de los Granaderos (creación suya que debutó en el combate victorioso de San Lorenzo años atrás), creó el Ejército de los Andes con la gente que se apersonó para servirle en el pueblo de Plumerillo en la actual provincia argentina de Mendoza sumando así a los exiliados patriotas chilenos bajo un pabellón cosido por las damas patricias mendocinas que se asemeja al primer pabellón creado por Belgrano sobre el cual fue superpuesto el escudo de las Provincias Unidas aunque para ese entonces la bandera argentina con dos listas azulcelestes y una lista en el medio blanca ya era el estándar a ser empleado. Como que Belgrano y San Martín eran amigos, cabe la posibilidad de que el primero de ellos le haya descrito su bandera creada al otro quien la habría usado como estandarte del Ejército de los Andes.

Estando en el campamento de Plumerillo se dedicó a realizar inteligencia contra el enemigo a quien confundió con falsos reportes militares dados a los indios quienes se aliaron con los patriotas quienes desconcertaban a los realistas sobre el lugar exacto del "desembarco" enemigo.
 

Campaña del Ejército de los Andes en Chile

Dar al Cóndor chileno el libre vuelo...

Después de un azaroso, dificultoso y lento cruce sobre la Cordillera de los Andes, el enemigo realista lo esperaba al pie de las montañas en el lado chileno, colocó bien los cañones y con los Granaderos a caballo cargó desde arriba para abajo venciéndolo en Chacabuco el día 12 de febrero de 1817. Tuvo así el control del Chile junto con su amigo, el futuro prócer chileno, O'Higgins quien asumió como Director Supremo del Chile mas el español aún estaba presente en territorio chileno más precisamente en el sur. Dicho enemigo se movilizó para infligir a San Martín una derrota inesperada en Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818 en la cual casi los españoles volvían a Santiago en donde el general argentino Gregorio de Las Heras logró salvar hábilmente toda su división mas el general argentino luego logró una brillante y napoleónica victoria en Maipú un inolvidable 6 de abril de 1818 asegurando de esa forma la libertad de Chile no quedando más que partidas residuales de leales a la Corona española.

El general San Martín, tras asegurar la independencia de Chile regresó a Buenos Aires para gestionar barcos y fondos para la invasión del Perú y se encontró con una abierta y descarada guerra civil en la cual evitó sabiamente tomar partido regresando a Chile.

Desde Buenos Aires le confirmaron que cesaba en su mando como jefe máximo del Ejército de los Andes pero San Martín no quiso aceptar que su trabajo se interrumpa por la mitad, reunió a su ejército y éste lo eligió democráticamente como su jefe. De ese modo desoyó la destitución y evitó la utilización de dicho ejército para dirimir rencillas fraticidas. Una vez manifestó que no desenvainará su espada contra compatriota alguno por política. Y esta siempre fue su conducta política que siguió toda su vida.

Su estadía en Chile no fue siempre cómoda. A causa de su innegable amistad con Bernardo O'Higgins, compañero libertador chileno, debió detener y deportar a Mendoza (Argentina) a los hermanos Carrera quienes estaban enemistados con O'Higgins con el pretexto de desacato de las reglas militares en un país aún en peligro de guerra. Los Carrera murieron fusilados en suelo argentino y sobre San Martín recayó la responsabilidad aunque él jamás emitió orden alguna de pasarlos por las armas. El autor ideológico de tan turbia muerte fue Bernardo Monteagudo, intrigante y elegante consejero del general argentino.

San Martín pasando revista en Rancagua, Chile

El fusilamiento le enajenó la simpatía de muchos chilenos y manchó un tanto la soberbia proclama de la Libertad de la República del Chile.

Entrar en la Capital de los Incas...

Los planes del Perú tuvieron que esperar hasta agosto de 1820 cuando pudo finalmente desplegar las velas de la escuadra del marino mercenario lord Cochrane (con quien tuvo no tan pequeñas discusiones el Libertador) contratado por los patriotas (gracias mayoritariamente a la ayuda de O'Higgins) rumbo a Lima. Dicha escuadra realizó un efectivo sitio marítimo al puerto del Callao forzando al virrey absolutista Joaquín de la Pezuela a firmar la paz y luego con el nuevo virrey, el liberal José de la Serna el armisticio de Punchauca, en 1821, acordando la independencia de Perú, el establecimiento de una regencia formada por tres miembros y el envío a España de representantes, para ofrecer el trono a algún príncipe de la familia real española, pero los oficiales realistas se negaron a aceptar tal arreglo desbaratando así la paz lograda.

Campaña de San Martín en el Perú

Reanudada la lucha, San Martín entró en Lima en julio de 1821 y proclamó la independencia del país incaico el 28 del mismo mes. Le nombraron Protector de Perú aunque no deseaba título político alguno, convocó un Congreso Constituyente que superara las discrepancias existentes entre los diferentes líderes locales y partió para Guayaquil a entrevistarse con Simón Bolívar, que se encontraba en Ecuador. El 26 de julio de 1822 se entrevistaron los dos máximos próceres de la independencia americana, y se trató de la situación general del continente americano, del futuro régimen de Perú y de la situación concreta de Guayaquil, que dudaba entre mantener la independencia, incorporarse a Perú o integrarse en la Gran Colombia, como al final ocurrió. Además percibiendo quizás probables celos militares del gran Bolívar prefirió legar el mando de los ejércitos americanos que estaban a cargo suyo para terminar la guerra de la independencia sudamericana de una buena vez y regresó a Lima donde se encontró con el asesinato de su consejero Bernardo de Monteagudo en medio de una sublevación de la burguesía limeña en contra de las presuntas inclinaciones monárquicas de San Martín. Éste, sintiéndose más militar que político, convocó al Congreso peruano y renunciar al mando en septiembre de 1822, dejando los asuntos del país en manos de Bolívar. Mucho se dijo que ambos grandes prohombres de América no se llevaban bien, de hecho la historia oficial argentina le bajó el pulgar a Bolívar pero lo concreto es que San Martín le tenía mucha estima al nacido en la actual Venezuela a tal punto que en el momento de su muerte tenía un retrato suyo en una mesita.

Con la partida de San Martín, los españoles se animaron a reocupar Lima aprovechando los nimios desencuentros entre patriotas peruanos pero Bolívar los desalojó de ahí y su lugarteniente, Sucre los persiguió hasta el Alto Perú.
 

Fin de la Guerra por la Independencia Sudamericana

Poco después en Ayacucho, Alto Perú, un brillante 9 de diciembre de 1824 cayó el último ejército fiel a la corona de Fernando VII de España frente a un ejército abigarrado de soldados procedentes de todas las partes de Sudamérica al mando del general Antonio José Sucre quien luego se ocupó de birlar a las Provincias Unidas la chance de poseer territorios altoperuanos construyendo para sí mismo una nueva república: la de Bolivia.
 

Vivir lejos de la patria

El autor del sitio posando enfrente de la última morada del Libertador en Boulogne-sur-Mer, Francia.

El Libertador en su serena vejez en el exilio

Tras pasar en camino de regreso por un Chile revuelto que depuso a O'Higgins y una Mendoza que lo recibió bien en 1823, y tras ir a Buenos Aires, donde volvió en soledad con motivo de la muerte de su esposa Remedios de Escalada a quien tenía bastante descuidada debido a sus deberes militares, marchó a Europa en 1824 con la salud muy quebrantada en compañía de su hija Mercedes, permaneciendo algún tiempo en Gran Bretaña y Francia antes de instalarse en Bruselas. Intentó regresar en 1828 pero la cruel y patética guerra civil criolla más la desidia de su antiguo enemigo Bernardino Rivadavia quien era el presidente en ese entonces lo hizo desistir de desembarcar del barco que estaba fondeado delante de Buenos Aires. Se instaló en París en 1830 y desde allí escribió numerosas cartas a diferentes gobernantes argentinos y recibiendo a su edad ya avanzada sin reserva alguna a jóvenes que luego harían letra grande en la historia argentina como Juan Bautista Alberdi y Domingo F. Sarmiento. En 1848, casi ciego, se trasladó a Boulogne-sur-Mer (Francia), donde falleció el 17 de agosto de 1850.

 

Fue el más grande de todos los argentinos. Muchos de sus compatriotas deberían seguir su ejemplo de humildad, rectitud, laboriosidad y convicciones. Lastimosamente sus virtudes personales no son las mismas que caracterizan cotidianamente a los argentinos en su idiosincrasia y comportamiento en el orden local e internacional.